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[YSK] Churchill nunca dijo que había que ponerle palos en la rueda a Argentina.

2018.07.30 04:55 SubotaiKhan [YSK] Churchill nunca dijo que había que ponerle palos en la rueda a Argentina.

Hay una cita que cada tanto (y hoy) vi en facebook, de un supuesto discurso que dio Churchill en la conferencia de Yalta, y otra de un discurso dado en la cámara de los Comunes.
"La caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria de la segunda guerra mundial, y las fuerzas del Imperio Inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida, ni tampoco después de muerto." Discurso en la Cámara de los Comunes 1955.
"No dejemos que la Argentina sea una potencia, arrastrará tras de sí a toda América Latina. La estrategia es debilitar y corromper por dentro a la Argentina. Destruir sus industrias, sus fuerzas armadas, fomentar divisiones internas apoyando a bandos de derecha e izquierda, atacar su cultura en todos los medios, imponer dirigentes políticos que respondan a nuestro Imperio. Esto se logrará, gracias a la apatía del pueblo y a una democracia controlable donde sus representantes levantarán sus manos en masa en servir su misión. Hay que humillar a la Argentina". (Winston Churchill Yalta 1945)
Busque en todos lados, audios, transcripciones (en ingles obviamente) y no encontré tal cosa. Por lo que vi, otra gente pregunto lo mismo en Quora y le contestaron que no hay evidencia alguna de que fuera así. Solo encontré sitios peronistas, nacionalistas y antimasonicos diciendo esto.
Existe una construcción de un mito chauvinista de que básicamente somos el centro del universo y que "El Imperio" esta siempre interviniendo y complotando con compatriotas nuestros para destruirnos. Este mito no lo creo Peron (si bien él y su movimiento lo promovieron hasta el día de hoy). El autor fue Julio Irazusta, un político y periodista nacionalista de ultra derecha, seguía al fascismo español e italiano, se oponía a la democracia, a los movimientos de obreros, a la ley de educación común, gratuita y obligatoria, y a la reforma universitaria. Irazusta creía que el socialismo, la masonería, el protestantismo y los ideales del liberalismo se infiltraban en nuestro país católico para corromperlo.
Acá hay una buena charla dada por historiadores argentinos (no revisionistas) hablando de esto y mas, incluso el Pacto Roca Runciman. Se los recomiendo.
https://www.youtube.com/watch?v=Q7tpe1TjZ8s
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2015.11.19 13:35 rasaho ¿Por qué atacan a PODEMOS?

Hasta ahora, las acusaciones y ataques contra la nueva formación política no han cesado desde su irrupción en las últimas elecciones al Parlamento Europeo. Que son populistas, que son marxistas, que no tienen programa electoral, que son bolivarianos, telepredicadores, cubanos, proetarras, que van a cargarse la democracia, o que sus propuestas son muy bonitas, pero irrealizables, sin descartar los ataques personales contra sus dirigentes, como Iñigo Errejón por el caso del contrato con la UMA, o Juan Carlos Monedero por su asesoría a los Gobiernos de Hugo Chávez. ¿Pero porqué todos estos ataques, cuando desde la misma Transición, desde que se legaliza el Partido Comunista de España (PCE), y posteriormente con la fundación de Izquierda Unida como movimiento político y social en 1986, ya existen otras fuerzas políticas que representan y asumen el mismo ideario? Y además, hoy día se le suman EQUO, Compromís, y algunas otras coaliciones de izquierdas más o menos locales, que también proclaman la adopción de las mismas medidas...entonces, ¿qué pasa con PODEMOS? ¿Qué lo hace diferente, para que tenga que ser objeto de tan duros ataques, a qué se debe tanta campaña de acoso y derribo? Pues a que, por primera vez desde la Transición, el Gobierno y los partidos del régimen del 78 tienen realmente MIEDO.
Y es que hasta ahora, disfrutaban todos ellos de una tremenda seguridad, sabedores de la historia de Izquierda Unida y coaliciones afines, y de sus pocas posibilidades de alcanzar resultados electorales realmente importantes. Pero con la irrupción de PODEMOS, el escenario ha cambiado radicalmente, marcándose ya una clara posibilidad no sólo de ruptura definitiva del bipartidismo, sino de vuelco electoral que pueda propiciar que PODEMOS se sitúe como una fuerza de gobierno, y lógicamente, esto amenaza directa y profundamente sus intereses. Es un ataque en toda regla a la línea de flotación del bipartidismo representado por PP y PSOE, cuya alternancia en el poder desde 1982 ha consagrado unas formas de hacer y de entender la política, que han propiciado la corrupción generalizada, y el retroceso paulatino en las conquistas de la clase obrera, todo ello acrecentado desde hace unos años con la excusa de la crisis. Estamos hablando de un régimen que ha permitido el continuismo de los poderes fácticos surgidos y amparados desde la Constitución de 1978, tales como la Iglesia Católica, las Fuerzas Armadas y la banca, amparados por los herederos políticos de aquéllas empresas que consiguieron grandes fortunas durante el franquismo.
Pero por primera vez, se les presenta una amenaza real y poderosa, encabezada, guiada y dirigida por la propia ciudadanía, harta de soportar los engaños de esta casta, y que reclama, de una vez por todas, un Proceso Constituyente que dé la voz al pueblo, y lo sitúe como sujeto soberano que dirige sus destinos. Es PODEMOS la fuerza política que ha sido capaz de movilizar y de concienciar a la ciudadanía, de anular clichés y etiquetas, y de asociar el combate politico como la lucha de los de abajo contra los de arriba. Por ello, todo vale para desprestigiar a PODEMOS, para golpearle donde más duela, para noquearlo, para dejarlo fuera de combate incluso antes de que comience la contienda electoral. Lo ha expresado muy bien Carlos Fernández Liria, cuando afirma: "Entre el gobierno y la oposición se intercambian por turnos los mismos tópicos, las mismas vaciedades, la misma palabrería sin sustancia. Es una vergüenza y, por cierto, una vergüenza muy populista. Pues el populismo consiste, sobre todo, en intentar seducir al pueblo con publicidad, palabras huecas y promesas vacías. Es todo lo contrario de lo que ha hecho Podemos: decir la verdad. Esa ha sido la clave de su éxito" (http://www.rebelion.org/)
La propia IU, para añadir más vergüenza a esta organización, ha atacado también a PODEMOS a través de su líder Cayo Lara, asegurando que "ellos [IU] son el original, y PODEMOS es la copia". Pues no, señor Lara, aquí no hay copias ni originales, aquí se trata de converger en un programa de izquierdas y luego en llevarlo a cabo, materia en la que su organización deja mucho que desear, a tenor del papelazo que lleva haciendo, por ejemplo, en Andalucía, gobernando en coalición con el PSOE, ese mismo al que tanto critican por ser pieza fundamental (que lo es) del bipartidismo. El descrédito y el hundimiento de IU en las encuestas se lo han ganado ellos solitos, a pulso, pues somos muchos y desde muchos ámbitos los que llevamos criticando la actitud traicionera de esta organización en varios sitios donde está representada. Pero aún hay más. Incluso medios de comunicación que hasta ahora habían lanzado a PODEMOS al estrellato ahora lo ponen en cuestión, denunciando supuestas evasivas de sus líderes, u organizando tertulias con economistas claramente escorados a la derecha, para desprestigiar las propuestas económicas de la formación de Pablo Iglesias, incluso a los prestigiosos economistas que están detrás de ellas, como Juan Torres o Vicenç Navarro.
Y sólo estamos empezando. Tendremos que soportar aún muchos más ataques, y sólo la lucha y la unidad popular podrán hacer frente a los mismos. Es por ello esencial que el pueblo español se organice, se conciencie y se disponga a mantener una presión continua sobre los resortes del poder, evitando el riesgo de manipulación del discurso de PODEMOS, así como minimizando los posibles ataques, chantajes, falsedades y exabruptos que puedan llegar desde todos los frentes. Pero desde ya auguramos que la cosa no quedará aquí. Si como pronostican las encuestas los resultados de PODEMOS en las próximas citas electorales son tan brillantes, la oligarquía no sólo no cesará en sus ataques, sino que los recrudecerá. Lo intentarán todo, pondrán en marcha todo tipo de chantajes, de mentiras, de manipulaciones, de tergiversaciones, de falsedades, de enfrentamientos empresariales y financieros, y al igual que en algunos países de América Latina, movilizarán a los sectores fascistas más rancios de la sociedad, para generar violencia en las calles, e intentos de desestabilización política y social, intentarán generar miedo, y amenazarán con fugas de capitales, huida de empresas, deslocalización de sedes, desmontaje de fábricas y sucursales, desconfianza financiera y crediticia, y, en fin, apocalipsis en los mercados. Pero desde la ciudadanía no podemos consentirlo, debemos reconvertir los ataques a PODEMOS en una mayor fuerza solidaria para su apoyo, cerrando filas en torno a un programa de sensibilidad ciudadana, de regeneración democrática, y de enfrentamiento con los poderes que nos han gobernado hasta ahora. Saludos.-
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2015.05.30 19:59 stormynoon Muy buen artículo: "Las elecciones del 24M: victoria simbólica, atolladero real"

Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna/2015/05/30/las-elecciones-del-24m-victoria-simbolica-atolladero-real/7187
Santiago Alba Rico *
Santiago Alba RicoEmpezaré por el final, aludiendo a una cuestión personal: tras las elecciones del 24 de mayo decenas -centenares- de amigos y conocidos han entrado en las instituciones como diputados autonómicos o concejales. Es gente que hasta ahora trabajaba y se movía en -digamos- la cara oculta de la luna y que jamás había soñado con semejante mutación. Activistas de distinto pulso político, unos muy jóvenes, otros más mayores, nunca soñaron con las instituciones por pura economía imaginativa: uno sueña con cosas difíciles, pero no imposibles, y España parecía cerrada con siete candados a los valores y propuestas que ellos defendían y encarnaban. Pero además, si no se permitían soñar en esta dirección era asimismo porque muchos de ellos mantenían relaciones tensas y suspicaces con las instituciones mismas, irreconciliables con sus estrategias y sus principios. Que un tipo como yo tenga de pronto decenas de amigos diputados y concejales da toda la medida de la envergadura de este doble cambio que, desde el 15M, ha volteado el país y transformado a la izquierda. Un año después de la irrupción de Podemos, España es un territorio mental diferente al que las elecciones municipales y autonómicas han dado hoy un poco de carnadura política y material. Las rupturas simbólicas preceden muchas veces y son las condición de rupturas reales sólo latentes; sería una ingenuidad exagerar la dimensión real del cambio introducido el 24M o ignorar las dificultades que comienzan ahora, pero esa gigantesca ruptura simbólica -que tiene que ver también con el hecho de que, de pronto, la imaginación deja de apretarse el cinturón, se atreve a soñar cosas inesperadamente posibles y a reclamarlas con su cuerpo y con su voto-, esa gigantesca ruptura simbólica, digo, puede servir, a poco que se hagan bien las cosas, para rodar cuesta arriba, como una veloz bola de nieve ascendente, hacia las elecciones generales de noviembre.
Se han escrito en estos días numerosos balances de los resultados electorales, subrayando la importancia de esta ruptura simbólica y recordando también, en todo caso, los límites que sigue imponiendo lo que yo llamo el voto prevaricador: aunque el bipartidismo ha perdido 3,3 millones de sufragios, 12 millones de españoles, el 50% del electorado efectivo, sigue apoyando al PP o al PSOE y ello no obstante la pública inmoralidad de estos partidos. Hay que disfrutar de la felicidad liberadora de los resultados y, al mismo tiempo, no olvidar la realidad antropológica de nuestro país. Pero ni la felicidad es suficiente para afrontar con éxito las próximas citas electorales ni la realidad antropológica debería ser suficiente para impedir el cambio. El verdadero desafío para Podemos y las otras fuerzas de izquierdas concierne a su propia capacidad para gestionar, en el frente externo y en el interno, la nueva realidad post-electoral. Era fácil tener razón sin tener poder; era cómodo no poder medir ni aciertos ni equivocaciones porque, en cualquier caso, ni los aciertos ni las equivocaciones introducían ningún efecto real. Desde mayo de 2014 y, aún más desde la semana pasada, con la esperanza han aumentado también los peligros. Ninguna angustia puede compararse a la de tener suficiente poder como para poder equivocarse; en un contexto en el que lo más fácil será cometer errores, Podemos y las fuerzas afines tendrán que asumir, en todo caso, la responsabilidad política y las consecuencias felices o catastróficas de esta inédita libertad para meter la pata.
En el frente exterior, buena parte de las posibilidades de cara a las generales se van a jugar en el terreno de la política institucional. De entrada, en la concreción de los pactos que permitirán desalojar al PP de gobiernos autonómicos y municipales. Es tan contradictorio como inevitable llegar a acuerdos con el PSOE, uno de los partidos del régimen (el partido del régimen, como recuerda Manolo Monereo), que por su parte tratará de utilizar esos acuerdos para evitar su muerte y, por lo tanto, la del propio régimen. Esa guarrada es lo que llamamos “política” y con razón a mucha gente no le gusta. Como en todo caso hay que aceptar la correlación de fuerzas para intentar cambiarla, conviene recordar que aquí la contradicción no se da entre la realidad y los principios sino que es la realidad la que impone una colisión dentro de los principios mismos. Por principio hay que echar al PP y por el mismo principio hay que rechazar todo pacto con el PSOE. ¿La solución? La más fea, la más “política”: la casuística. Es más que evidente que en los municipios y las comunidades buena parte de los votantes han apoyado a Podemos o a las candidaturas populares porque no soportaban la idea de seguir siendo gobernados por el PP, pero no es menos evidente que esos mismos votantes no aceptarían un pacto general con el PSOE -suicidio obviamente descartado- ni un mercadeo entre municipios y comunidades ni una renuncia al programa. IU ha muerto precisamente en esas tumbas. La casuística exige tratar cada caso de una manera diferente a partir de un solo principio (el del programa ético y político) y garantizar la transparencia de las negociaciones como supremacía democrática en las estrecheces de la realidad negociadora.
De la transparencia y contenido de estos pactos dependerá la victoria sobre el régimen, golpeado y tambaleante pero no mortalmente herido. También de la gestión concreta de gobierno allí donde las candidaturas populares asumirán con toda probabilidad la administración de algunos municipios importantes. Barcelona y Madrid, centro del seísmo simbólico, motor material e imaginario del cambio, deben estar a la altura de su papel. Será muy difícil. Es verdad que sólo quedan cinco meses para noviembre, pero este año hemos aprendido que en un solo mes se pueden vivir varias eras geológicas y la membranosa constelación mafiosa de intereses empresariales y políticos que atenazan nuestras ciudades -mediante contratos, deudas adquiridas y presiones financieras y mediáticas- va a movilizar todos sus recursos para desacreditar las políticas de los equipos de Manuela Carmena y de Ada Colau. Sería muy ingenuo creer que gobernar Madrid y Barcelona en estas circunstancias, islas mestizas en el corazón del régimen, es una bicoca o una ventaja. Si una combinación de realismo, contundencia, serenidad, movilización y compromiso no logra resistir las presiones y mantener la adhesión popular de los que han votado por primera vez en muchos años, Barcelona y Madrid, que pueden ser el principio del principio, pueden convertirse, al contrario, en el principio del fin.
Pero aún más fácil es meter la pata en el frente interno. ¿Qué debe hacer Podemos de cara a las generales? ¿Qué conclusiones sacar tras el éxito de algunas de las candidaturas de unidad popular el pasado 24M? No tengo una respuesta clara, pero confieso que me preocupan las que pretenden serlo. En la izquierda tenemos la tendencia a medir toda la realidad a partir de una verdad parcial; somos “idealistas” en el sentido más filosófico del término; y a veces incluso a ese “idealismo” lo llamamos “materialismo”. Llevamos tantas décadas fuera de la realidad que, cuando de pronto tocamos una tecla que conecta con ella, creemos haber hallado un procedimiento mecánico de aplicación universal. Hace un año y medio un grupo plural de activistas e intelectuales que habían aprendido mucho en América Latina y en el 15M tocaron la tecla, mitad por perspicacia analítica mitad por casualidad. Funcionó. Se abrió una grieta a través de la cual la realidad en aluvión fertilizó a la izquierda y la izquierda, a su vez, salió de su larva elitista. A esa tecla se la llamó Podemos. Hoy se podrá reprochar a Podemos que, en este tiempo histórico acelerado y cambiante, haya creído por una inercia supersticiosa que se podía apretar una y otra vez con el mismo resultado la misma tecla (la de un populismo más mediático que laclauliano vivido finalmente como “cálculo”), pero conviene ser prudente a la hora de sacar conclusiones precipitadas sobre los resultados electorales.
Es indudable que algunas de las candidaturas populares señalan la necesidad de una convergencia que, desde fuera, sume un nuevo impulso al que activó Podemos en 2014. Lo que a mis ojos resulta inquietante es que algunos crean que -ahora sí- la izquierda ha encontrado la verdadera tecla que nos va a permitir superar Podemos (¡en un año y como si fuera el obstáculo!) y derrocar al régimen del 78. Esta tecla imaginaria es mucho más simplona e “idealista” que la que se reprocha, a veces con razón y otras sin ella, a la dirección podemita. España es un país fragmentado ideológica, geográfica y demográficamente. Sólo un ejercicio irresponsable de ilusionismo político puede llevar a extrapolar los resultados de los grandes a los pequeños municipios, de las elecciones municipales a las autonómicas, de una región a otra, de una clase social a otra; y sólo ignorando estas diferencias, y otras más directamente políticas (el liderazgo concreto de las candidaturas y el perfil concreto de la oposición local) se puede llegar a la conclusión de que bastaba poner de acuerdo de manera muy horizontal a unos cuantos izquierdistas y activistas en cualquier lugar de España (acuerdo para el que Podemos habría sido un obstáculo) para vencer en las elecciones. Es una versión interesada y mitológica. Esa fórmula ha servido en algunos territorios y en otros no y ello en razón de variables numerosas y complejas; y es difícil pasar por alto que, allí donde ha servido, se ha debido sin duda al apoyo de Podemos o de su “espíritu”, catalizador del voto mayoritario, menos politizado y menos activista. Hay que recordar, en todo caso, que en conjunto no se ha votado más a las candidaturas populares que a Podemos sino menos y que en Madrid, por ejemplo, no había ninguna diferencia de composición plural y “popular” entre las listas del Ayuntamiento y las del Parlamento autonómico ni tampoco en el vigor, transparencia y contenido de la campaña. La tecla que aquí se activó -y marcó la diferencia- fue curiosamente la de un liderazgo transversal muy laclauliano, el de Manuela Carmena, y no la de la unidad asamblearia de la izquierda movimentista y de la vieja izquierda, unidad que conviene defender pero que no puede atribuirse, o no solo, el éxito electoral.
No hemos encontrado la tecla porque no hay una sola tecla sino muchas y hay que tocarlas todas, cada una a su debido tiempo, como en un inmenso órgano de catedral. Podemos, lo escribí hace meses, es uno de los nombres de ese país desconocido que descubrió el 15M. Hay otros y habrá que formar con ellos una frase coordinada y convincente. Pero no debemos olvidar ninguna de las dos lecciones del 24M. La primera es que la convergencia de todas las izquierdas, las derrotadas y las emergentes, es inaplazable e indispensable. Sin ella no habrá un nuevo impulso cuesta arriba. La segunda es que esa convergencia es inútil, y hasta contraproducente, sino converge con la gente, compuesta en su mayor parte de no-activistas cabreados o desencantados, empobrecidos y desesperanzados, cuya tentación oscila entre el PSOE y la abstención. Para esta doble tarea hace falta estar ya allí donde esa convergencia, por primera vez en décadas, es posible y además útil; ese es el sitio donde nos ha puesto Podemos. El debate está abierto y no tengo una respuesta clara ni desde luego una fórmula única, pero no deberíamos extrapolar modelos mecánicos de unos territorios a otros y mucho menos de unas elecciones municipales a unas generales, donde cualquier convergencia de izquierdas necesitará una estructura flexible y una iniciativa de alcance estatal en la que pueda converger también, o sobre todo, la gente normalmente juiciosa y normalmente cansada. Podemos ha hecho toda clase de méritos para jugar ahí un papel protagonista, al menos de momento, y debe jugarlo entre Scila y Caribdis; es decir, entre la disputa del “centro” y el repliegue identitario, un ancho espacio intermedio en el que hay que elaborar discursos y propuestas inasimilables para las fuerzas del régimen y declinables para todos los otros nombres del 15M.
Acabo volviendo al principio. La noche del 24M me sentí, de pronto y contra toda lógica, abatido y casi desesperado, hasta el punto de que un familiar me preguntó extrañado: ¿te pasa algo? Es que -respondí- decenas y hasta centenares de amigos y conocidos míos son a partir de hoy diputados o concejales. ¿Seguirán siendo amigos míos ahora que son diputados y concejales? Que estos amigos que nunca soñaron con entrar en las instituciones ocupen ahora cargos públicos da toda la medida de lo que ha cambiado felizmente nuestro país y nuestra izquierda; e incuba la esperanza de que estos dos cambios traigan otros aún mayores. Pero que la política la hayan hecho hasta ahora nuestros antagonistas, que el ritmo, el espacio, las aristas, las haya diseñado el régimen que combatimos, que el medio institucional nos reciba ya configurado de la peor manera, no es asunto baladí. La frontera entre el “realismo” y la rendición es bien flaca y lo que marca la diferencia es menos la tentación, la corrupción o el compadreo que el cansancio, la tensión en espacios cerrados y mal iluminados, la falta de lecturas, la huida del pensamiento, la ausencia de lugares y ocasiones donde estemos obligados a cuidar a los demás. Es por ese camino por el que se impone la profesionalización de la política con todas sus derivas éticas destructivas. Hay que ser mucho más disciplinado y fuerte para conservar las amistades que para conservar la integridad moral; y me parece, aún más, que lo primero es condición de lo segundo. La política es la ciencia de las negociaciones y las tensiones, es verdad, pero es antes que eso -porque es su objetivo- la delicada artesanía de las atenciones y los cuidados. Nos conviene mucho que haya Manuelas y Adas de cualquier sexo en las mesas de negociación; y nos conviene mucho que mis amigos diputados y concejales conserven mi amistad, no para evitarme un sufrimiento seguro, sino porque de esa manera habrá más posibilidades de que ellos cambien las instituciones y menos de que las instituciones los cambien a ellos.
(*) Santiago Alba Rico es filósofo y columnista.
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