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El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

2016.08.14 13:57 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.06.07 04:08 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

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Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.06.05 19:48 ShaunaDorothy EE.UU.: Cacería de brujas asesina “Delincuentes sexuales” marcados por el estado: Parias de por vida (Febrero de 2014)

https://archive.is/HdHvI
Espartaco No. 40 Febrero de 2014
Durante las últimas décadas, la policía sexual de este país ha capturado a cerca de un millón de personas. Se les encarcela, se les humilla públicamente y se les pone en peligro mediante los registros de “delincuentes sexuales” en Internet, se les rastrea con tobilleras de GPS, se les expulsa de sus propias comunidades y se les obliga a vivir bajo los puentes o en los bosques. Se han convertido en parias sociales, en los leprosos de la actualidad.
Incluso mientras el matrimonio gay —y los boy scouts (abiertamente) gays— son cada vez más aceptados, el esfuerzo de los gobernantes por legislar el sexo y la “moralidad” parece no tener fin. Su más reciente expresión es el frenesí azuzado contra un supuesto brote de incorregibles “depredadores sexuales”, especialmente los que supuestamente tienen como blanco a niños en Internet (es decir, un mundo fantástico) o a través de la pornografía (también pura fantasía). No hay tal epidemia; sin embargo, parece haber un gran número de policías infiltrados al acecho en los chat rooms. Se ha victimizado a miles sólo por mirar pornografía o por intentar comunicarse con otros, por no hablar del sexo consensual con menores, nada de lo cual sería un crimen en una sociedad racional.
Tal como ocurrió con la histeria de los años ochenta y noventa sobre las supuestas redes satánicas de abuso de menores en las guarderías, el depredador de Internet es un mito manufacturado por el gobierno y los medios. Incitando y manipulando el miedo y las actitudes sociales atrasadas, su finalidad subyacente es legitimar y fortalecer los poderes del estado capitalista. Mientras los políticos demócratas y republicanos sermonean sobre “proteger a nuestra niñez”, los imperialistas estadounidenses bombardean a niños en todo el mundo y millones pasan hambre incluso en este país, donde la tasa de mortalidad infantil llega al lugar 51 del mundo.
Entre las innovaciones legales más perniciosas, diseñadas para aumentar el control del gobierno, están las leyes federales que firmó el presidente demócrata Bill Clinton a mediados de los noventa y que le exigen a los delincuentes sexuales liberados que se registren en Internet y notifiquen a la comunidad su paradero. Otro estatuto le exige a las autoridades estatales que transmitan sus datos y huellas digitales al FBI para que éste forme una base de datos nacional. También está el “confinamiento civil”, que permite mantener a los prisioneros recluidos más allá del término de sus sentencias. Con estas leyes, los convictos de delitos sexuales se ven inmersos en un laberinto kafkiano de presunta culpabilidad, ostracismo social, castigos preventivos, miedo y violencia, frecuentemente de por vida.
Para Charles Parker de Jonesville, Carolina del Sur, y para su esposa, registrarse como delincuente sexual fue una sentencia de muerte. En julio, Jeremy Moody halló el nombre de Parker en el registro y ubicó su hogar en un mapa, se dirigió ahí y disparó y apuñaló a la pareja. “No he venido a robarte. He venido a matarte porque eres un abusador de niños”, dijo Moody, quien tiene la palabra “skinhead” [cabeza rapada] tatuada en el cuello. (Parker no había sido convicto por abuso de menores.) Posteriormente, Moody admitió que se preparaba para matar a otra persona que figuraba en el registro.
Un caso de estudio: Los Friedman
Hace poco volvió a las noticias el caso de Arnold Friedman y su hijo adolescente Jesse, documentado en la escalofriante película nominada al Oscar de 2003 Capturando a los Friedman. La película muestra cómo los dos hombres de Long Island, víctimas del abuso policiaco, la histeria de la comunidad y el sesgo judicial, fueron obligados a confesar en falso decenas de casos de abuso de menores que supuestamente ocurrieron en las clases de computación de Arnold, con la ayuda de Jesse. Un amigo adolescente de éste, Ross Goldstein, también fue condenado a trece meses de prisión tras ser obligado a confesar y a hacer acusaciones falsas contra Jesse.
Los cargos de esa cacería de brujas iban desde lo inverosímil hasta lo imposible. Como lo puso Jesse Friedman, un niño de diez años que asistía a las clases semanalmente alegó que había sido forzado a tener sexo anal u oral 30 veces en un periodo de diez semanas y —tras reinscribirse— fue violado 41 veces a lo largo del siguiente año. Entre lo que un cargo describía como abusos en grupo se incluía el “salto de rana”, en el cual Arnold y Jesse supuestamente sodomizaban a toda la clase de niños desnudos saltando de uno al otro. Pese a las historias de violencia física, abuso verbal y sexo forzado frente a toda la clase, no se presentó una sola evidencia: ni moretones ni ropa manchada de sangre. Ni uno solo de los padres expresó la menor sospecha hasta que la policía llegó a sus casas a interrogar a sus hijos.
El único hecho incuestionable es que en 1987 los agentes aduanales interceptaron un paquete dirigido a Arnold Friedman que contenía pornografía infantil, lo que llevó a la policía a allanar el hogar de los Friedman en el suburbio de Nueva York de Great Neck. La policía confiscó unas 20 revistas de pornografía infantil tomadas de varias partes de la casa y una lista de los niños que asistían a las clases de Arnold.
¡Al poseer pornografía infantil, Arnold Friedman no cometió crimen alguno! Fotografías, sexo de fantasía, entretenimiento: la pornografía no hace daño a nadie. ¿Cuántos de nosotros podríamos librarnos de la prisión si los “pensamientos desviados” se castigaran con cárcel? Al contrario de ciertos feministas y de los maoístas del Revolutionary Communist Party [Partido Comunista Revolucionario], quienes quisieran prohibir la pornografía sobre la espuria base de que provoca violencia contra la mujer, nosotros reconocemos que las leyes antipornografía dañan a todos al legitimar la censura y desatar la interferencia estatal en la vida privada. Nos oponemos a las leyes contra la pornografía y a las leyes contra los “crímenes sin víctimas”, como la prostitución, las drogas y las apuestas. ¡El gobierno debería sacar los ojos, oídos y narices de las alcobas y de las vidas privadas de la gente!
Según la retorcida lógica que esta sociedad promueve, Arnold Friedman, espectador de pornografía, debía ser por lo tanto un abusador de menores, por lo que fue condenado a una sentencia de diez a 30 años de prisión y murió en la cárcel en 1995, aparentemente por suicidio. Jesse recibió una sentencia de seis a 18 años tras las rejas. Lo liberaron en 2001 después de trece años, sólo para que comenzara una cadena perpetua de persecución legal y social.
Ya antes de que comenzara el juicio, las autoridades promovieron la noción de que cada uno de los estudiantes de Arnold debía ser considerado una víctima. Cientos de padres de familia histéricos se apiñaron en reuniones comunitarias exigiendo asesoría sobre cómo ayudar a sus hijos. Se les dijo que fueran a terapia. Años después, muchas supuestas víctimas testificaron respecto al terrible daño que sufrieron ellos y sus familias cuando el estado los obligó a inventar historias, y luego por la subsiguiente “terapia” basada en esas ficciones.
En 2013, la oficina del mismo fiscal que condenó a los Friedman revisó el caso en respuesta a una acusación de calumnia que el Tribunal de Apelaciones del II Distrito emitió en 2010. El tribunal escribió: “Aquí las actas indican una ‘probabilidad razonable’ de que Jesse Friedman fuera injustamente sentenciado”. Para la revisión de la fiscalía, Ross Goldstein (a quien los documentos legales se refieren como Kenneth Doe) habló por primera vez en 23 años. En un documento de nueve páginas dirigido al fiscal de distrito, afirmó: “Ninguno de los sucesos que Kenneth Doe supuestamente describió o que se atribuyen a él tuvo lugar en realidad”. Goldstein reunió a numerosos ex alumnos que hoy afirman que en las clases no ocurrió absolutamente nada y que la policía los intimidó para que rindieran falsos testimonios. Sin embargo (predeciblemente), el resultado del autoexamen fue que la oficina del fiscal se absolvió a sí misma de cualquier falta en el proceso.
La sexualidad infantil y el estado
El caso Friedman, una tragedia incesante para toda una familia, subraya varias cuestiones políticas importantes. El enfoque de la Spartacist League deriva de nuestra concepción marxista del mundo y nos enfrenta con el moralismo burgués y con frecuencia también con muchos grupos autodenominados socialistas. La sexualidad humana es muy amplia, pero su práctica está condicionada por cada sociedad particular. La sociedad burguesa estadounidense, con su componente de fanatismo religioso, destina una cantidad considerable de energía a delimitar los apetitos sexuales en nombre del orden social. Con sus policías, jueces y prisiones, la intervención del estado en las relaciones sexuales privadas tiene como fin imponer la moralidad que profesa la burguesía, y con frecuencia transforma una experiencia inofensiva y muchas veces positiva en una pesadilla. El estado burgués no es ni un árbitro neutral ni un protector de la ciudadanía; existe para asegurar la conservación del dominio capitalista.
La premisa de muchas leyes contra el sexo es que los niños son seres asexuales. De manera absurda, los púberes y los adolescentes con las hormonas desbocadas son considerados niños. De hecho, la sexualidad es parte de la constitución humana desde la infancia. Como discutimos con amplitud en el artículo “Unholy Alliance of Feminists and Christian Right—Satan, the State and Anti-Sex Hysteria” (La impía alianza de los feministas y la derecha cristiana—Satanás, el estado y la histeria antisexo, Women and Revolution No. 45, invierno-primavera de 1996), los niños son pequeños animales inquisitivos que en su camino a la madurez llevan a cabo experiencias y observaciones sexuales y de todo tipo. Tal como ocurre con otras especies de primates, el sexo entre los humanos tiene un amplio componente de aprendizaje. Hoy, en gran parte del país se le niega a la juventud el acceso oportuno a los métodos anticonceptivos y a la educación sexual, dejándola vulnerable a los embarazos no deseados y a las enfermedades de transmisión sexual. Si intenta actuar como la televisión e Internet le enseña, se mete en problemas.
Las leyes contra el estupro varían mucho de un estado a otro, pero todas criminalizan toda actividad que un tribunal considere sexual por el solo hecho de que un menor (alguien que no haya llegado a la “edad de consentimiento”) participe en ella, independientemente de si lo que suceda sea o no consensual. La ley mezcla deliberadamente el sexo consensual con el ataque sexual violento y con la violación. Cualquiera que sea hallado culpable de haber tenido sexo con un menor, o cualquier cosa considerada contacto sexual, se considera automáticamente un delincuente violento. La designación “depredador” puede aplicarse cuando un tribunal decide que una relación fue establecida o promovida con fines de “victimización”.
El único lineamiento para cualquier relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el entendimiento mutuo de las partes participantes— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual. Sin duda, determinar incluso lo más básico —por ejemplo, si un acto tuvo lugar realmente y si fue consensual— puede ser problemático a veces. Y ciertamente hay muchos casos en que la víctima de una violación o de un abuso violento puede recurrir a la ley. Al mismo tiempo, como alguna vez comentó el dramaturgo irlandés Brendan Behan en un contexto diferente: “Nunca he visto una situación tan terrible que un policía no pueda empeorar”. Además, desentrañar las cuestiones de la sexualidad humana del entramado de prejuicios sociales es casi imposible en esta sociedad dividida en clases y razas. Libre de la crueldad y la fría indiferencia que resultan de la búsqueda de ganancia, una sociedad socialista buscaría un enfoque científico a estas cuestiones difíciles.
Enciérrenlos...
Las leyes antisexo han creado una enorme masa de blancos potenciales, alimentando pesquisas con vastas sumas de dinero para trabajo encubierto y alentando procesos fraudulentos mediante el uso de oscuras invenciones siquiátricas y “testigos expertos”. En consecuencia, cada vez más víctimas caen en las fauces del sistema carcelario estadounidense, que ya es el mayor del mundo. Las cifras de la guerra contra los “depravados” sexuales se suman a las de la anterior “guerra contra el crimen” y a la continua “guerra contra las drogas”, eufemismos para nombrar la persecución legal racista que ha cuadruplicado la población carcelaria a cerca de 2.2 millones de personas al día de hoy, de las cuales casi la mitad son negras.
Desde los años setenta hasta hoy, el número de personas encarceladas como delincuentes sexuales se ha multiplicado. El libro Sex Panic and the Punitive State (Pánico sexual y el estado punitivo, University of California Press, 2011), de Roger N. Lancaster, aporta una investigación útil que describe el desarrollo de estos pánicos y muestra con precisión cuán vasto es el archipiélago de víctimas de la persecución sexual estatal. Lancaster escribe: “Nacionalmente, los casos reportados de abuso infantil saltaron de seis mil en 1976 a 113 mil en 1985 y a 350 mil en 1988: la cifra se multiplicó 58 veces en doce años”. Apuntando al terror irracional al “desconocido que acecha”, en un artículo publicado en el New York Times del 20 de agosto de 2011 titulado “Sex Offenders: The Last Pariahs” [Delincuentes sexuales: Los últimos parias], señaló: “El riesgo de que un niño sea asesinado por un depredador sexual desconocido es comparable al de morir fulminado por un rayo”. Lancaster también señala que “la mayoría de los perpetradores de abusos sexuales son miembros de la familia, parientes cercanos, amigos o conocidos de la familia de la víctima”.
Las cacerías de brujas antisexo han sido usadas para deshacerse de elementos básicos que los estadounidenses habían aprendido a considerar inherentes a la democracia, así como la “guerra contra el terrorismo” ha destripado toda una gama de derechos constitucionales. Como puede verse en el caso Friedman, lo primero que se pierde es la privacidad, seguida de la presunción de inocencia, cuando los acusados son satanizados. Luego se marca a los convictos de por vida. Hoy, cerca de 750 mil personas están en el registro de Internet que instituyó la “Ley Megan” de la era Clinton, promulgada tras el brutal asesinato de la pequeña Megan Kanka de siete años en un ataque sexual en 1994.
Al salir de la cárcel, Jesse Friedman —quien para empezar no había hecho nada— fue clasificado como “depredador sexual violento nivel III”, es decir, como alguien en alto riesgo de reincidir y como una amenaza a la seguridad pública. Como tal, tuvo que abandonar su casa tres veces. Con respecto a las restricciones de residencia, que le prohíben la proximidad con niños, escribió en su página web: “Si miras un mapa, te darás cuenta de que eso significa prácticamente cualquier parte. En algunos estados y ciudades se me prohibiría estar en cualquier lugar ‘donde se sabe que los niños se congregan’, incluyendo bibliotecas, museos, acuarios, playas e incluso eventos deportivos públicos”. “La Ley Megan”, escribió, “es el exilio social”.
Otros miles han sido convertidos en parias de manera similar. En Southampton, un destino vacacional para las celebridades neoyorquinas y los tiburones de Wall Street, unos 40 hombres convictos de diversos delitos sexuales se ven obligados a vivir en dos tráilers alejados de los centros habitados. Sólo uno de los tráilers tiene regadera y los que viven en el otro tienen que tomar el autobús dos veces por semana para ducharse.
La novela agudamente realista de Russell Banks, Lost Memory of Skin (La memoria perdida de la piel, HarperCollins, 2011), explora el horrendo mundo de los nuevos parias. El héroe es un joven tímido e ingenuo al que se le llama “el Chico”, cuyo fiel compañero y único amigo es su iguana Iggy. El Chico va a conocer a “brandi18”, con quien había tratado sólo por Internet, sólo para encontrarse con que en casa de ella lo esperan el padre de Brandi y cinco policías. Tras ser arrestado y condenado, se halla a sí mismo sin hogar, viviendo bajo un puente junto a otros “delincuentes sexuales”, pepenando comida de los basureros. En nombre de políticos que buscan un encabezado de prensa, la policía allana incluso ese lugar diminuto, sucio y semioculto, con resultados trágicos. A estos hombres del puente se les obliga implacablemente a recargar constantemente sus tobilleras de monitoreo:
“Toma media hora cargar completamente la batería del monitor, y durante esa media hora el Chico se siente íntimamente conectado a los demás millones de delincuentes sexuales, jóvenes, viejos y de otras edades...todos los cuales han conectado sus tobilleras electrónicas a contactos y están sentados en alcobas, salas y sótanos de casas, apartamentos y remolques, en estacionamientos, refugios de indigentes, parques públicos, aeropuertos, estaciones de tren, salas de espera, oficinas, en las trastiendas de restaurantes de comida rápida, bajo pasos a desnivel y puentes peatonales —como si todos ellos fueran hojas temblorosas en las ramas grandes y pequeñas de un vasto árbol eléctrico cuya sombra cubriera todo el país—”.
...y tiren la llave
Las diversas leyes estatales y federales de “confinamiento civil” que se han aprobado desde 1990 son una burla de la noción de “cumplir tu sentencia” y de la pretendida rehabilitación. Por ejemplo, la “Ley Adam Walsh de Protección y Seguridad de los Niños” de 2006 posibilita la detención indefinida de cualquier prisionero federal —incluso si nunca ha sido convicto de ningún delito sexual— que haya cumplido su sentencia pero sea considerado mentalmente “anormal” y se crea probable que cometa algún delito sexual en el futuro.
En el artículo “When the Feds Decide Who’s Sexually Dangerous” [Cuando los federales deciden quién es sexualmente peligroso], publicado en The Atlantic (20 de mayo de 2010), Wendy Kaminer señala: “Quienes confían en la burocracia federal y creen que los funcionarios usarán su poder adecuadamente, con imparcialidad y buena fe, pueden sentirse protegidos por él; a los demás debe preocuparles que el gobierno pueda detener ciudadanos indefinidamente, sin juicios con jurado, basándose en especulaciones sobre su futura peligrosidad”. Díganselo a los prisioneros de Guantánamo.
Bajo algunas leyes estatales, los sometidos a confinamiento civil pueden tener derecho a un proceso ante un juez, pero no a un juicio con la posibilidad de preparar una defensa. La mayoría no recibe “tratamiento” y prácticamente nadie obtiene algo de él. ¡Incluso se dio el caso de un hombre de Wisconsin de 102 años que no pudo someterse a tratamiento por fallas en la memoria y problemas de oído!
Hasta 2007, dos mil 700 hombres estaban recluidos en centros de confinamiento civil. Para escapar de las garras de estas instituciones penales/“terapéuticas” en las que se encuentran sepultados, algunos prisioneros incluso solicitan ser castrados, como lo relata el artículo “The Science of Sex Abuse” [La ciencia del abuso sexual] de Rachel Aviv (The New Yorker, 14 de enero de 2013). La primera persona detenida bajo la Ley Adam Walsh, Graydon Comstock, cuestionó la legislación en un caso ante la Suprema Corte en 2010. Aviv observa: “Para cuando el caso fue atendido, cuatro años después de que la sentencia criminal de Comstock expirara, él tenía ya 67 años y padecía del corazón, de diabetes e incontinencia. Ya dos veces había solicitado ser castrado, creyendo que la operación ayudaría en su caso, pero se le dijo que no estaba médicamente justificada”. En años recientes, la Suprema Corte ha refrendado diversos estatutos del confinamiento civil.
El poderoso análisis de Aviv de los horrores del confinamiento civil gira en torno al caso real de un soldado solitario llamado John, que se hizo amigo en un chat room de “Indy-Girl”. Sí, era un policía encubierto. El soldado, invitado a un tentador picnic al aire libre, rápidamente fue capturado por la Unidad Militar de Investigaciones y el FBI. John fue sentenciado a 53 meses en una prisión federal por poseer pornografía infantil y por “usar Internet para inducir a un menor a tener sexo”. Pero entonces fue cuando empezaron sus verdaderos problemas.
Tras salir en libertad condicional, John recayó y volvió a mirar pornografía con menores, por lo que rápidamente fue sentenciado a otros dos años en prisión. Seguía preso cuando el Congreso aprobó la Ley Adam Walsh, por lo que se le transfirió a una prisión médica de Massachusetts y, sin audiencia legal, se determinó que era de “alto riesgo”. Así pasaron cuatro años. En 2011 comenzó su audiencia de confinamiento civil. Al año siguiente, un juez dictaminó que John era demasiado peligroso para ser liberado y lo condenó a un “confinamiento terapéutico” indefinido en el sistema carcelario federal. Desde entonces sigue en ese limbo, donde una “terapia” diaria lo alienta a declarar cada vez más historias fantasiosas para ganarse la aprobación de los siquiatras, historias que sólo contribuyen a incriminarlo. Vivir en una tienda de campaña bajo un puente parece un destino preferible.
Nuevas brujas, nuevos inquisidores
En Estados Unidos, con su vena profundamente puritana y su insidioso racismo, la combinación de sexo y raza siempre ha sido usada como medio de control social. El mito del hombre negro depredador acosando a mujeres y niños blancos se conjuró para mantener aterrorizada a la población negra cuando la ley linchadora imperaba en el Sur de Jim Crow. Con frecuencia se ha recurrido a leyes antisexo para poner a hombres negros tras las rejas, incluyendo a celebridades como el boxeador Jack Johnson en 1912 y a Michael Jackson en 1994 y de nuevo diez años después.
Las cruzadas antisexo fueron una de las armas que se usaron para revertir las conquistas de las luchas por los derechos civiles y para apagar el descontento social de los años sesenta y principios de los setenta, especialmente el provocado por la Guerra de Vietnam. Tras tomar posesión en 1977, el gobierno demócrata de Jimmy Carter desató un asalto de reacción social interna mientras llevaba a la Casa Blanca el fundamentalismo religioso de los “renacidos”. Bajo el lema de los “derechos humanos” lanzó también la Segunda Guerra Fría del imperialismo estadounidense con el objetivo de destruir a la Unión Soviética.
La siguiente década presenció una de las cacerías de brujas más terribles y peculiares de la historia estadounidense: la histeria respecto al “abuso satánico” en las guarderías, que le arruinó la vida a cientos de hombres, mujeres y niños. El auge de esta cacería de brujas, que se extendió hasta principios de los años noventa, coincidió con la reacción reaganista —la cual, entre otras cosas, intentó enviar a las mujeres de vuelta a los hogares—. Se recortaron los fondos para el bienestar social y otros programas sociales, como las guarderías y preescolares para madres trabajadoras, provocando enormes dificultades y daños a las mujeres y los niños. El pánico del “abuso satánico” sirvió para encubrir un abuso real por parte del gobierno.
En el juicio más largo de la historia estadounidense, que se extendió de 1986 a 1990, el caso de la escuela preescolar McMartin, los niños testigos contaron historias de sacrificios animales, orgías, pasadizos secretos, mutilación de cadáveres y otras ficciones. El caso comenzó en 1983, y para el año siguiente el gran jurado había reunido 354 declaraciones que implicaban hasta 369 supuestas víctimas, mientras la policía anunciaba una enorme conspiración criminal. Más de 70 personas fueron condenadas injustamente. Mientras tanto, decenas de otros casos de “satanismo” barrieron el país, desde el condado de Kern en California, hasta Fells Acres en Massachusetts y la guardería Little Rascals de Carolina del Norte. En estos casos no se encontró evidencia alguna. Los acusados eran completamente inocentes, como señalamos entonces (a diferencia de prácticamente todo el resto de la izquierda) al defender a los trabajadores de las guarderías. Los Friedman fueron arrestados en medio de esa cacería de brujas.
Los liberales y feministas burgueses ayudaron a impulsar esa locura. Aunque se presentan como protectores de las mujeres y los niños, su remedio es pedirle al estado leyes más numerosas y más duras, así como más vigilancia policiaca. La versión más extrema de esa misma política fue el libro de 1975 de Susan Brownmiller, Against Our Will [Contra nuestra voluntad], famoso por su aseveración de que la violación es la principal forma en que todos los hombres controlan a todas las mujeres. Su propuesta: más mujeres policías.
En los años setenta y ochenta, los florecientes escuadrones de dios, dirigidos por gente como el fundamentalista católico Patrick Buchanan y el líder de la Mayoría Moral Jerry Falwell, se movilizaban contra el aborto y declaraban que el sida era un castigo de dios a los gays. Mientras los fanáticos de derecha sitiaban las clínicas de aborto, los feministas apuntaban contra la pornografía y un imaginario abuso satánico. Al impulsar este programa antisexo, los “progresistas” entablaron una alianza temporal con los evangélicos.
El estado respondió gustoso. En 1974, el demócrata Walter Mondale promovió la Ley de Prevención y Tratamiento del Abuso Infantil, que obligaba a los terapeutas, maestros y trabajadores sociales a informar a la policía de cualquier indicación de abuso. Así, se suponía que cientos de miles de educadores y trabajadores sociales actuarían como auxiliares de la maquinaria de represión del estado capitalista. En los años ochenta, el procurador general de Reagan, Edwin Meese, lanzó una gran campaña contra la pornografía, con bastante ayuda de sus aliados liberales. Con Internet, las cosas no hicieron sino empeorar. En los últimos quince años, las sentencias federales por posesión de pornografía infantil han aumentado en extensión más de 500 por ciento y pueden ameritar hasta cadena perpetua, la sentencia que suele darse al homicidio en primer grado.
Entre las feministas más prominentes que impulsaban las reaccionarias campañas antiporno estaba la fundadora de la revista Ms., Gloria Steinem, quien empezó su carrera como informante de la CIA. La despreciable Steinem también se subió con furor al tren del ritual satánico y la memoria reprimida. A mediados de los ochenta financió una excavación que los padres de familia de la escuela preescolar McMartin realizaron en busca de los (inexistentes) túneles y calabozos de los que habían hablado sus hijos bajo coerción. En 1993, Ms. salió con el encabezado: “El abuso ritual de las sectas existe —¡Créanlo!”.
En 1995, Steinem narró el documental de HBO The Search for Deadly Memories. Los apócrifos “recuerdos recuperados” de abuso cumplieron una función perniciosa en numerosos casos. Estos “recuerdos reprimidos”, como los llaman los trabajadores sociales fraudulentos, son la versión secular liberal de la histeria religiosa. Como materialistas convencidos, no nos lo creímos. Como señalamos en “Satan, the State and Anti-Sex Hysteria”, las técnicas que supuestamente revelan traumas reprimidos han demostrado ser excelentes para inducir recuerdos falsos, especialmente en niños pequeños y susceptibles. En ocasiones, es la policía quien implanta los supuestos recuerdos en el curso de los interrogatorios, como ocurrió en el caso Friedman. Los traumas verdaderos realmente trauman a la gente, que tiende a recordarlos.
El sexo, el matrimonio y la familia
¿Cómo es que la expansión de la tolerancia (salvo en reaccionarios endurecidos y fanáticos religiosos) respecto al matrimonio gay puede coexistir con una implacable cacería de brujas antisexo? Esto se debe a que el matrimonio, un contrato legal, es uno de los principales sostenes sociales del estado burgués. En una presentación el pasado mayo, David Thorstad, quien en 1978 estuvo entre los fundadores de la North American Man/Boy Love Association (NAMBLA), señaló la desbandada del movimiento radical gay:
“El anterior desafío a la heterosupremacía, dirigido a liberar la sexualidad reprimida de todos, ha sido remplazado por un enfoque conservador y convencional por la aceptación de la sociedad capitalista heterosupremacista. Donde esto es más obvio es en la búsqueda del matrimonio y la participación abierta en instituciones opresivas como el ejército, así como los llamados a fortalecer las fuerzas represivas del estado mediante las leyes contra los llamados crímenes de odio”.
Así, en la búsqueda de la respetabilidad burguesa, las marchas del orgullo gay acogen contingentes de policías gays, cuyo trabajo incluye el arresto de “delincuentes sexuales”. Mientras tanto, los organizadores de las marchas vetan a organizaciones como NAMBLA, que llama por la despenalización de las relaciones consensuales entre hombres adultos y menores de edad.
A diferencia de los feministas, el establishment gay y, asquerosamente, la mayor parte de la izquierda “socialista”, nosotros siempre hemos defendido a NAMBLA y a sus miembros tanto de la represión estatal como de la victimización por parte de los patrones. Se trata de algo más que una cuestión de “libertad de expresión”. Muchísimos jóvenes, torturados y confundidos por sus propios sentimientos, en conflicto con la severidad represiva de esta sociedad, encontrarían reconfortante hablar de estas cosas con personas más experimentadas, como lo han hecho generaciones anteriores. En esta época, sin embargo, tener cualquier tipo de intimidad intergeneracional es jugar con fuego.
En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [Juventud, sexualidad y la izquierda], Sherry Wolf de la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se sumó al linchamiento de Thorstad acusándolo de ser “el más constante y sonoro defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Conservando la premisa reaccionaria de las leyes de la edad de consentimiento, Wolf cita su libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation [Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT]: “Es incongruente que un niño dé verdadero consentimiento, libre de la desigualdad de poder, a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, los adultos y los niños no se enfrentan como iguales en lo emocional, lo físico, lo social o lo económico. Los niños y los adolescentes más jóvenes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder necesarios para tomar decisiones verdaderamente libres en sus relaciones con los adultos. Sin ello, no puede haber verdadero consentimiento”.
No importa que la mayoría de las relaciones entre adultos no cumpla con este criterio de consentimiento. En cuanto a la afirmación de Wolf de que “los adolescentes maduran a distintas edades”, ¿quién debe determinar la edad adecuada para la actividad sexual en una especie en la que esta edad ha estado, durante el 99 por ciento de su existencia, muy por debajo de la supuesta “edad de consentimiento” de la actualidad? Bajo el inhumano status quo capitalista, se asume que es el estado. Para los comunistas, es el ABC el oponernos a la intervención del gobierno en la vida privada de la gente y defender a cualquier grupo que luche por aumentar la libertad en las relaciones sexuales. Esto es una expresión del ideal de la vanguardia leninista como tribuno del pueblo. La ISO y cía. bailan a un son diferente, acomodándose a los valores burgueses y a la cacería de brujas contra aquéllos cuyas proclividades sexuales se consideran verboten [prohibido, en alemán en el original].
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884), Friedrich Engels rastreó el surgimiento simultáneo de la familia y el estado como medios que la clase propietaria usó para consolidar y reproducir su poder cuando emergió de la sociedad humana primitiva. La monogamia de la esposa era necesaria para asegurar la paternidad para la transmisión hereditaria de la propiedad. Actualmente, la familia sigue siendo la principal fuente de opresión de la mujer. A los niños, la familia debe imbuirles la sumisión y el respeto por la autoridad, lo que frecuentemente engendra frustración y violencia. Como escribimos en “Satan, the State and Anti-Sex Hysteria”: “Las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos, como la nuestra, claramente no encajan con la rígida monogamia heterosexual que constituye el fundamento ideológico de la institución de la familia, reforzada por la religión organizada”.
La mayor parte del terrible daño que se inflige a los jóvenes y las mujeres tiene lugar en el seno de la familia. Sin embargo, en esta sociedad capitalista, la familia suele ser lo único que le queda a uno. Son escasos los servicios alternativos que la sociedad provee para criar a los hijos o cuidar a los enfermos y a los ancianos.
El fanatismo antisexo y la perversa persecución estatal persistirán mientras imperen la propiedad privada y la producción por ganancias. El estado capitalista no puede ser reformado para que sirva a los intereses de los explotados y los oprimidos. Debe ser barrido y sobre sus ruinas debe erigirse un estado obrero basado en la expropiación de los medios de producción. Para erradicar la opresión de la mujer y de los homosexuales, se requiere construir una sociedad socialista donde las funciones de la familia sean colectivizadas —guarderías y cocinas comunales, atención médica gratuita y de calidad, etcétera— liberando a la mujer de la carga de la crianza de los niños y de la esclavitud doméstica. En cuanto a lo que una sociedad racional conservaría de las relaciones sexuales, y de las relaciones sociales en general, los marxistas compartimos la amplitud de la visión que expresó el fallecido Gore Vidal (a quien tanto echamos de menos) en su artículo “Pink Triangle and Yellow Star” (Triángulo rosa y estrella amarilla, The Nation, 14 de noviembre de 1981):
“Cualquiera que sea el arreglo al que llegue la sociedad del futuro, debe reconocerse que los niños que lo necesiten serán criados con bastante más cuidado que hoy, y que a los adultos que no deseen ser padres ni madres debe dejárseles en paz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/40/delincuentes.html
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2016.03.30 10:19 EDUARDOMOLINA PABLO IGLESIAS.- Mi cabeza política se hizo en Italia.- ctxt

http://ctxt.es/es/20160323/Politica/5015/Entrevista-Pablo-Iglesias-gobierno-España-Entrevistas-Elecciones-20D-¿Gatopardo-o-cambio-real.htm
Como Podemos, Pablo Iglesias tiene al menos dos almas. En la distancia corta es un tipo tímido, pausado, bien articulado, culto sin llegar a la pedantería --aunque a ratos se pone un poco cursi, no llega a caer en la novela rosa. Se diría que este Iglesias profesoral es una persona distinta a la fiera corrupia que se zampaba a los más agresivos contertulios televisivos de Intereconomía o La Sexta, muy diferente del tribuno que un día lanza cal viva contra las bancadas socialistas para luego susurrarle a Pedro Sánchez “solo faltamos tú y yo”.
Esta multiplicidad de personalidades resume también la montaña rusa existencial en la que vive Podemos, un partido-niño formado por mil mareas, orígenes, corrientes: comunistas gramscianos de la vieja IU, activistas de la PAH, populistas criados en Laclau y curtidos en asesorías peronistas y bolivarianas, humildes indignados del 15M, cristianos de base de las periferias urbanas, profesores, doctores y analistas del CEPS, En Comú, Andalucía, Guanyem…
Viviendo y muriendo de éxito a la vez, víctima y beneficiario de sus contradicciones y su indefinición asamblearia, Podemos se ha convertido en solo dos años en la gran esperanza de la izquierda europea, una vez certificada la claudicación de Syriza ante la Troika. Tras revolucionar el mapa municipal y tomar el poder en las grandes ciudades, y después de sacar cinco millones de votos el 20D, Podemos y sus confluencias viven un periodo convulso: enfrentamientos, filtraciones, dimisiones, ceses... Nadie sabe cómo acabará este enorme lío. Pero la impresión es que Iglesias ha tomado las riendas en Madrid y ha dejado desarmado a su amigo y número dos, Íñigo Errejón, al que conoció en la Facultad de Políticas de Somosaguas (Madrid) cuando él tenía 23 años y Errejón 18, y al que durante la entrevista se referirá, entre bromas y veras, con estas palabras: “Nunca ha dejado de ser el benjamín”.
Iglesias parece transformado, más conservador, mucho más cauto y conciliador. Cuando se le pregunta por el pacto con el PSOE, no pone reparos, líneas rojas, ni exigencias. Oyéndole, se diría que su estrategia pasa hoy por dos opciones que en realidad son solo una: o gobernar con el PSOE casi sin condiciones, o repetición de elecciones sin dejarse culpar del adelanto.
El líder de Podemos (Madrid, 1978) llega puntual a la sede de CTXT para una conversación de una hora con miembros del consejo editorial y la redacción --Miguel Mora, Soledad Gallego-Díaz, Ignacio Sánchez-Cuenca, Mónica Andrade y Willy Veleta-. Va acompañado por un séquito de cuatro jóvenes asistentes que no se despegan del móvil. Tiene ojeras y mala cara: un reciente cólico nefrítico, provocado, explica, por una pequeña piedra en el riñón que todavía no ha expulsado.
Es martes 22 de marzo, y hace solo un rato que se han producido los atentados de Bruselas. A mitad de la hora pactada, Iglesias y los suyos tienen que salir corriendo para acudir al homenaje a las víctimas organizado por el ayuntamiento madrileño. Poco después, completamos la entrevista por el móvil: más de 100 minutos, que publicamos de forma íntegra, dividida en cuatro bloques: Pablo, según Iglesias; La crisis de Podemos; España, pacto o elecciones, y ¿Otra Europa es posible?
BLOQUE 1. PABLO, SEGÚN IGLESIAS.
"Políticamente soy un italiano. Mi cabeza política se hizo en Italia"
¿Querría explicar en cinco o seis frases quién es Pablo Iglesias?
Soy tímido, aunque no lo parezca. Amante de una cierta soledad para leer, para ver películas, para ver series. Al mismo tiempo con una enorme pasión para las cosas. Necesito la pasión para hacer cualquier cosa. Con mucha pasión por aprender, y con mucho que mejorar. Fundamentalmente, un tipo sencillo. Una de las cosas que más me gustan es cuando la gente que acaba de conocerme me dice: ‘Hostia, eres un tipo bastante normal’.
Más normal de lo que parecía en la tele…
Claro, ese contraste sorprende a mucha gente. Una cosa que me han dicho y que me encanta es: ‘Ganas mucho en la distancia corta’.
¿Qué recuerdos tiene de la infancia? ¿Se siente soriano?
Sí, sí. Decía Rilke que la patria de uno es su infancia, y mi patria tiene una localización geográfica muy clara, que es Soria. Yo pasé en Soria desde los 2 años hasta los 13.
¿Eso curte, no?
Sí, claro, se pasa frío. Pero para ser niño Soria es una ciudad maravillosa. Yo iba por ahí con mi bicicleta tranquilamente. Toda la memoria sentimental de mi infancia está asociada a lugares de Soria. Si la patria de uno es la infancia, Soria es mi patria.
Después de Soria vino a Madrid, y estudió de todo… ¿Le enseñaron todo lo fundamental para ser político en la universidad y los másteres, o es un trabajo más duro de lo que pensaba?
Yo creo que es un trabajo como otro cualquiera, que no debería ser una profesión, sino una actividad a la que uno dedica un cierto tiempo. Es una actividad además que tiene que practicar gente con perfiles muy distintos. A mí me encanta estudiar. Las dos cosas que más me han gustado en la vida es recibir clase y dar clase. Supongo que eso me ha hecho aprender cosas que luego me han sido útiles en la política, pero la experiencia práctica no la sustituye nada. En estos dos años he aprendido una barbaridad y sigo aprendiendo mucho.
¿Más que leyendo?
Hace poco volví a releer El Príncipe, que lo había leído antes dos veces por lo menos. Es curiosísimo que al leerlo al mismo tiempo que estás practicando la política, cambia completamente… Recuerdo que tenía los subrayados originales míos, y en los nuevos prestaba atención a otros elementos. Supongo que eso tiene que ver con practicar la política de manera tan intensa y directa...
¿Maquiavelo tenía más razón de la que pensaba?
No es tanto más razón, sino que en realidad lo que está escribiendo Don Nicolás es un manual con un enorme sentido práctico. Maquiavelo no es un erudito metódico. Como diría Gramsci, es un hombre de acción. Está siempre pensando en la acción, y logra aislar la política como disciplina de otro tipo de consideraciones. Es impresionante el enorme sentido común de las reflexiones del libro, incluso cuando es un tipo del siglo XVI que está pensando en las repúblicas y en los Estados italianos, que es lo que tiene a mano, tomando las experiencias de la Roma y la Grecia clásicas... Han pasado muchas cosas en estos 500 años, y aun así tiene reflexiones magníficas.
¿Le da tiempo a leer la prensa cada día? ¿Lee papel o solo Internet?
Leo los dosieres que me prepara el equipo.
¿Los clippings, en papel grapado?
Depende, si lo puedo imprimir lo imprimo y lo grapo. Si no, lo leo en el ordenador, o los días que tengo que salir muy temprano lo leo en el teléfono. En esos dosieres viene un resumen con una sección de artículos de opinión que me prepara el equipo. La verdad es que leo más prensa que nunca, esa selección me hace leer artículos muy valiosos.
¿Le ponen artículos de CTXT?
Sí, de vez en cuando. Algún editorial malvado vuestro he leído, en el que nos dabais caña. Luego están algunos imprescindibles. Uno de los articulistas que nunca falla, lo digo siempre, es Enric Juliana. Para mí, el análisis diario de Juliana es como ir a misa para la gente de comunión diaria.
Albert Camus decía que un país vale lo que vale su prensa. ¿Cómo ve la situación de los medios en España?
Era bastante cruel Albert Camus al decir eso con muchos países. Un político profesional solo puede hablar bien de la prensa. Punto y final.
Pregunta un lector: ¿Cree que su política, de tan buen e infinito trato con los medios, está siendo efectiva?
Es inevitable. Yo creo que la política, entre otras cosas, es una definición de la realidad. Nunca ha estado la política tan mediatizada por los medios como ahora, y mira que llevan décadas con eso. Seguramente los medios son el terreno fundamental de la política, y eso tiene que implicar mucho tiempo y muchas técnicas para que la comunicación funcione. Eso es así desde hace mucho tiempo, pero yo diría que cada vez más.
Y hace falta tragar mucha quina, imagino.
Eso es inevitable. Recuerdo un político conservador, con el que hablaba en el Parlamento Europeo, que me decía: “Mira, esto que hacemos nosotros consiste en levantarse por la mañanas y que te sirvan un plato con un sapito, y a ese sapito le tienes que echar sal, le tienes que echar pimienta… lo que quieras, pero te lo tienes que comer todas las mañanas…”. Y eso es así.
Manolo Monereo ha escrito en Cuarto Poder que hay una cacería organizada por PRISA y los poderes financieros para acabar con Podemos. ¿Cree que es cierto? ¿Se siente acosado?
Monereo es un sabio, es uno de los intelectuales de la izquierda más lúcidos, y con muchísima experiencia. Creo que en los últimos artículos y también en este señala algunas de las claves de lo que está ocurriendo.
Hay un personaje en The Wire que dice “This is the Game!”, y efectivamente este es el juego en el que estamos; y es lógico que a nosotros nos den caña, es parte de las reglas del juego.
Por cierto, usted y Juan Carlos Monedero llevan años ejerciendo de periodistas / analistas y presentadores. ¿Aprendieron de Beppe Grillo? ¿No le parece una forma de intrusismo que un líder político haga periodismo?
En realidad a mí, desde que empezamos a hacer La Tuerka, me entusiasmaba dirigir y presentar una tertulia que siempre ha querido tener un estilo diferente al de las tertulias convencionales o al de otras tertulias, ni mejor ni peor, simplemente diferente. Creo que tanto La Tuerka como Fort Apache se han ganado un enorme prestigio por eso, hasta el punto de que nos han dado premios en facultades de Periodismo... Eso es un honor y al mismo tiempo un placer; si alguien se ha sentido ofendido por el intrusismo, nosotros lo hacemos desde mucho antes de que existiese Podemos, nos entusiasmaba hacerlo, y nos sigue entusiasmando...
En el artículo que publicó en New Left Review en julio del año pasado hablaba de “el pueblo de la televisión”. ¿Cómo puede un tipo que ha estudiado en Cambridge y Suiza ser tertuliano en Intereconomía?¿Es su personaje político un producto de la TDT y las tertulias?
En realidad en Intereconomía había días en los que no se discutía mal, más o menos te dejaban expresarte. Pero para nosotros era una cuestión fundamental: habíamos llegado a la conclusión de que los medios de comunicación, y en particular los formatos de las tertulias políticas, eran el instrumento fundamental para generar imaginario. Nos habíamos dado cuenta de que el estilo que nosotros manejábamos en la universidad, cuando dábamos charlas o hacíamos seminarios, se alejaba mucho de las técnicas a través de las cuales se informaba o formaba la opinión. Intentamos ser rigurosos y amenos, sabiendo que las técnicas de la comunicación se basan en el mundo audiovisual y que teníamos que intentar manejar esas técnicas, siendo al mismo tiempo rigurosos. Intereconomía, La Sexta Noche y Las Mañanas de Cuatro fueron como un entrenamiento. Recuerdo muchos de esos debates con muchísimo cariño. Y debatiendo en Intereconomía conocí a gente muy valiosa. A Javier Nart, que ahora es eurodiputado de Ciudadanos y es un hombre maravilloso, al que quiero mucho, lo conocí en El Gato al agua; al señor Alejo Vidal-Quadras, con el que me separan muchísimas cosas a nivel ideológico pero que me parece un hombre inteligente, también. Y también allí fue la primera vez que escuché debatir a Francesc Homs, de Democràcia i Llibertat. Allí aprendí muchas cosas...
En aquel artículo, analizaba “la incipiente crisis del régimen postfranquista, enfangado en la corrupción y la recesión económica, y las oportunidades que ello ofrece a una formación política popular que movilice el descontento social de los indignados…”. ¿Cree que han aprovechado esa situación y están haciendo todo lo posible para mitigar ese descontento? ¿No cree que el “régimen” está todavía muy vivo?
Efectivamente, nos enfrentamos a adversarios poderosísimos que están acostumbrados a ganar siempre, incluso cuando parece que no han ganado a veces ganan también, pero el juego es así. De momento, lo que hemos conseguido creo que nadie se lo podía imaginar, creo que las élites nunca vieron un actor con las capacidades que ha demostrado Podemos. Eso no quiere decir que a partir de ahora no vaya a ser difícil, es más, va a ser mucho más difícil, cada vez va a ser más difícil y yo creo que eso se nota. Nosotros fuimos capaces de patear el tablero, de reponernos y salir muy reforzados de ataques muy agresivos. Me acuerdo perfectamente de lo que me preguntaban en las entrevistas en octubre o noviembre, y creo que tuvimos un resultado electoral espectacular. Pero eso no cambia que la situación económica del país es difícil, que el poder de las élites es enorme, que nosotros podemos sufrir el desgaste de nuestras contradicciones y que la política no termina de... Es extremadamente complicado. Bueno, pues tendremos que adaptarnos y seguir combatiendo, haciendo eso que pedía Gramsci: “Necesitamos toda la fuerza, toda la inteligencia y toda la ilusión en un combate que es difícil y donde el adversario siempre es muchísimo más poderoso”.
Eso recuerda un poco al Atleti del Cholo Simeone, una especie de tercera vía insumisa y solidaria contra la bipolaridad... deportiva y política.
Siempre me ha entusiasmado el Cholo Simeone y su Atlético de Madrid por eso. Es un equipo con menos recursos deportivos que los grandes y sin embargo con una enorme pasión y un estilo muy descarado y muy disciplinado al mismo tiempo. Y probablemente por eso el Cholo ha conseguido colocar a su equipo al nivel del Real Madrid o del Barça, y eso a mí me gusta. Me gusta su carácter.
Uno de sus lemas es "No consuman". Hay un video de 2013 en el que usted dice que le indigna que IU aceptara una consejería de Turismo en Andalucía y no exigiera un telediario. Eso son las cuotas de la RAI... Y añadía que en Turismo solo se podía crear empleo…
En aquella época podía decir lo que me diera la gana, no había consecuencias en lo que decía. Ahora tendría que ser mucho más prudente. Pero básicamente la idea que pretendía transmitir es que si haces política y vas a gobernar, quizá tenga sentido, sobre todo si lo vas a hacer desde una posición de debilidad, intentar intervenir en aquellas áreas que son más importantes y donde realmente se pueden lograr cambios en la vida de la gente o en la construcción del relato, que es una cosa fundamental en política. Y eso lo sigo pensando.
¿En un hipotético acuerdo de gobierno con el PSOE, incluirían una reivindicación de ese tipo? ¿Controlar los informativos?
Pero no necesariamente para que estuviéramos nosotros. Nosotros tuvimos un debate sobre si gobernar o no con el Partido Socialista y al final todos tuvimos claro que si gobernamos, gobernamos. Si vamos en serio, vamos en serio. Y eso quiere decir que asumimos todas las contradicciones, todos los problemas, que podremos hacer cosas mal, que nos van a dar duro… Pero que no vamos a hacer esto a medias. Gobernar implica asumir responsabilidades de gobierno y asumirlas en muchos ámbitos, las que puedan ser aparentemente más sencillas y más inocuas pero las más importantes también. Yo creo que eso forma parte del estilo de Podemos desde el principio. No nacimos para ser una fuerza política testimonial o subalterna, sino para intentar ganar. A veces lo conseguiremos, a veces no, haremos cosas bien y cosas mal, pero desde el principio nuestra mentalidad ha sido ganadora. Creo que esa es una de las cosas que explica también la caña que nos dan. Hemos sido y somos muy osados y muy descarados, y es lógico que quien lleva muchos años en esto diga: pero bueno, ¿qué os habéis creído? Seguramente, si no hubiésemos sido así, no estaríamos donde estamos.
Hablemos de Italia, ¿qué aprendió allí?
Estuve primero de Erasmus cuando estudiaba cuarto de Derecho. Ese viaje me cambió la vida, también políticamente. Podría decir que políticamente soy un italiano, en Italia hice mi cabeza para pensar la política. Después he estado muchas más veces para viajes más cortos, y en 2007 estuve seis meses redactando mi tesis doctoral en Florencia… El Erasmus lo hice en Bolonia. Era muy importante políticamente, con una histórica alcaldía del Partido Comunista prácticamente desde después de la Segunda Guerra Mundial… Bologna La Rossa, la capital de la Emilia Romagna… Esos lugares tan importantes para el desarrollo italiano. Allí aprendí muchísimo.
¿Conoció los centros sociales? ¿Leyó a Gramsci y a Agamben, a los que tanto cita?
Cuando llegué era militante de las Juventudes Comunistas, con todas sus cosas bonitas y sus encantos. Era una organización muy clásica, muy dogmática, y además no era muy habitual entre los cuadros de las juventudes tener una formación cultural amplia. Había excepciones, en aquella época conocí a Manolo Monereo, y desde entonces le empecé a admirar muchísimo. Italia era otro planeta. Cuando vi los centros sociales, cuando vi las librerías, cuando me empecé a adentrar en las historias de los movimientos sociales de los años 70… Se abrió otro mundo. Allí conocí a amigos con los que después he coincidido en Podemos: a Gemma Ubasart, que también estaba de Erasmus. Allí empezaron una serie de lecturas, aprendí un idioma que no tiene la misma utilidad que el inglés... Pero para la política saber italiano marca la diferencia. Poder leer Il Manifesto, La Repubblica, tener acceso a unos textos que solo están en italiano… Italia tuvo mucha influencia sobre algunas generaciones de activistas madrileños y de otros lugares, y seguramente tiene mucho que ver con la forma en la que se hizo Podemos.
¿Estaba en Génova cuando sucedió la masacre de la Escuela Díaz?
Estaba en el autobús volviendo a España, era uno de los portavoces del Movimiento de Resistencia Global de Madrid, y como hablaba italiano estuve en la avanzadilla. Fue un movimiento que analicé con muchísimo detalle en mi tesis doctoral. Hice una versión de la tesis, que es ‘Desobedientes’, que cuenta aquello con mucho detalle...
Un inciso. Willy Veleta quiere saber con quién va a ver el nuevo episodio de Juego de Tronos
Es un secreto que me voy a llevar a la tumba.
¿Con el Rey? ¿Con el Rey emérito?
No lo puedo decir. ¿Te imaginas? Los dos en un sofá tapados con una manta...
¿Usted cree que Jon Snow… sí o no? Sin hacer spoiler...
A mí me encantaría que sí. Leí en la prensa que tenía contrato, así que eso me hace soñar con que se salva, pero no tengo ni idea de lo que pasará.
Bloque 2. ¿CRISIS, QUÉ CRISIS?
"Nadie es imprescindible en Podemos, tampoco sobra nadie"
¿Hace cuánto tiempo que conoce a Íñigo Errejón?
Nos conocimos cuando yo empecé a estudiar la segunda carrera, en Políticas. Nos llevamos cinco años. Yo tendría 23 y él 18.
Él era un benjamín entonces.
En realidad nunca ha dejado de serlo...
Un lector pregunta si son conscientes del tirón social que tiene la dupla Pablo Iglesias-Errejón. Y añade: ¿Qué aporta cada uno a Podemos?
En Podemos todos aportamos y Podemos no se explica por una, dos o cuatro personalidades. Eso es importante. Incluso en una fuerza política como la nuestra en la que el liderazgo fue desde el principio un instrumento político imprescindible. Ahora hay una coralidad y una necesidad de recuperar el protagonismo de la gente que yo creo que nos debería hacer pensar que Podemos no es el resultado de una, de dos, de cuatro personalidades y de cómo se relacionan. En este caso Íñigo y yo hemos trabajado juntos muchísimos años y ha habido una compenetración intelectual enorme. Hemos hecho muchas cosas juntos, probablemente no haya nadie con quien yo haya firmado tantos artículos académicos como con Errejón. Aun así Podemos está por encima de mí, por encima de Íñigo y por encima de cualquier otro compañero.
¿Cómo definiría sus visiones políticas respectivas? Se dice que Errejón es más peronista, amante del populismo latinoamericano, y que usted sería más un comunista. ¿Responde a la realidad o es esquemático?
Son etiquetas que facilitan la literatura, la manera en que se puede construir un relato, las explicaciones de las cosas. En realidad la formación intelectual del primer grupo de personas de Podemos tiene que ver con una práctica colectiva en la que nos pudimos especializar en diferentes cosas y en la que hay una serie de elementos comunes que nos definen como grupo. Por una parte, el interés que todos teníamos en los fenómenos latinoamericanos, por otra parte nuestras experiencias militantes en movimientos sociales, colectivos de la izquierda radical, y a partir del 15M, a través de la discusión que introdujimos en La Tuerka, una reflexión muy coral en la que participamos muchos sobre las posibilidades de intervención política en España. Todo eso, marcado por nuestro trabajo. Asesoramos a IU, yo estuve después en Galicia con Alternativa Galega de Esquerda. Todas esas experiencias, unidas al hecho de que yo había conseguido abrirme un hueco en los medios de comunicación, nos permitieron lanzar una apuesta política, que fue Podemos. Las etiquetas que tratan de identificar ideológicamente a todos y situarnos para ver quién está más a la izquierda, quién es más moderado… Se producen porque facilita la lectura, el relato. Pero son demasiado esquemáticas para entender cómo pensamos. Lo mejor para entendernos es leer lo que producimos y lo que escribimos, los diálogos entre nosotros...
¿Cuántas almas hay en Podemos, cuáles son las corrientes? Comunistas, anticapitalistas, populistas, indignados del 15M, asociados a CEPS, cristianos de base…
Hay una multiplicidad de posiciones y de historias personales y de biografías, pero en Podemos, por suerte, de momento, no diría que hay diferentes corrientes o almas sino diferentes maneras de ver las cosas, en las que basculamos muchas veces nosotros mismos. Cualquiera que viera un debate en el Consejo Ciudadano o en la Ejecutiva vería cómo cualquiera de nosotros basculamos, en función de los temas y de la discusión concreta. Aunque es muy atractivo calificar con etiquetas y las categorías permiten hacer mapas que nos dan la impresión de entender mejor las cosas, sería muy difícil definir Podemos como una suma de familias políticas que se identifiquen con esas etiquetas. Creo que los elementos fundamentales de Podemos los compartimos todos y que luego en las cosas que podemos discrepar, no discrepamos como grupos organizados, sino como individuos; y eso es positivo.
¿Qué ha pasado en estas últimas semanas, qué balance hace de lo que ha ocurrido en el partido?
En política a veces hay que hacer cambios, mejoras. Esos cambios a veces son difíciles y tienen consecuencias difíciles o incluso desagradables. Pero son imprescindibles. A mí como secretario general me corresponde tomar una serie de decisiones. A veces son muy agradables, divertidas de tomar, y otras son difíciles y desagradables pero no menos necesarias para que vayamos haciendo las cosas mejor. En el caso de una política tan nueva, en una fuerza política en la que el cariño y el amor entre nosotros ha sido tan determinante, seguramente cualquier cambio, cualquier decisión difícil se acusa más. Pero eso forma parte de lo que somos y a mí me gusta que seamos así. Que a nosotros se nos note la tristeza cuando tomamos una decisión difícil en lugar de una sonrisa mal dada creo que habla bien de nosotros.
¿Diría que ha sido una crisis, una fractura, una implosión, una pre-refundación? ¿O un golpe de mano de la Secretaría General?
Diría que es un cambio que recoge una tendencia que es necesaria. Se lo decía a los secretarios de organización cuando hablaba con ellos, les decía que el modelo organizativo surgido de Vistalegre fue seguramente imprescindible para esa etapa pero que ahora toca abrir una etapa nueva, una etapa en la que necesitamos más protagonismo de los territorios, de los círculos, una etapa distinta a aquella en la que teníamos que construir un partido a toda velocidad y afrontar una serie interminable de procesos electorales que eran difíciles. Ahora ya somos otra cosa, estamos mucho más consolidados y creo que toca recuperar un tono organizativo distinto que apueste de manera inequívoca por el protagonismo de la gente y de los círculos. Por eso creo que si el Consejo Ciudadano tiene a bien respaldar la candidatura de Pablo Echenique para ser secretario de Organización, creo que él va a encarnar de manera perfecta ese cambio de tono.
Empleó un tono muy duro en el comunicado de la destitución de Sergio Pascual, en el que algunos han visto un tufo al viejo PCE. Quizá sus votantes echan de menos un poco de autocrítica. ¿Qué errores cree haber cometido desde el 20D? ¿Es consciente de haber cometido errores?
Seguramente sí. Cualquier error político que cometa la organización yo lo tengo que asumir como propio. La crítica y la autocrítica son fundamentales. Muchas veces nosotros, y yo en particular, no somos capaces de comunicar con eficacia. Eso implica un manejo de los tonos y de los registros con los que, a veces, acertamos, y con los que, otras, no acertamos. Eso está muy bien verlo, y cuando te das cuenta de que lo podíamos haber hecho mejor, pues tratar de mejorarlo.
Para ser concretos ¿está hablando de la cal viva y del beso a Pedro? Me refiero al tono...
No necesariamente... En los debates parlamentarios los tonos son duros. Hay que recordar las cosas que se nos dijeron a nosotros. Pero es verdad que muchas veces los tonos pausados y calmados son más eficaces que los tonos más duros. Eso es una cosa que también se va aprendiendo con el tiempo. No es menos cierto también que nosotros estamos donde estamos precisamente porque a veces supimos mantener un tono duro. Mientras el cinismo campaba a sus anchas en los discursos políticos, nosotros fuimos capaces de hablar políticamente del dolor. De decir que mientras estamos hablando aquí, hay gente que está sufriendo mucho, gente a la que están echando de sus casas y gente que lo está pasando muy mal. Pero la política también es el arte de la modulación, y la clave es saber encontrar en cada momento el tono que funciona mejor.
Ha dicho antes que tenía mucha complicidad con Errejón. En pasado. ¿Teme que acabe yéndose del partido?
No lo creo. Del mismo modo que nadie es imprescindible en Podemos, tampoco sobra nadie en Podemos. Estoy convencido de que todos, en este proceso y en este camino, seguiremos aportando lo mejor de nosotros mismos.
¿Qué errores ha cometido Errejón?
Yo creo que Íñigo lo ha hecho bastante bien. Es una magnífica cabeza, es un magnífico intelectual que además practica la política, es un intelectual útil, con el que ha habido una gran complicidad. Y estoy convencido de que la colaboración intelectual y política con Íñigo y con todos los demás compañeros, con Carolina Bescansa, Rafa Mayoral, Pablo Bustinduy… con todos los compañeros con los que trabajo va a continuar, porque además es un elemento imprescindible dentro de Podemos. La política también tiene fases, tiene épocas, y todos estamos madurando mucho: estas semanas en las que han ocurrido décadas, estos meses en los que ha pasado tanto tiempo en España, nos han hecho madurar. Lo que estamos viviendo son momentos de maduración que pueden tener sus puntos dolorosos pero creo que nos van a sacar mucho más fuertes y mucho más eficaces. Nosotros, al fin y al cabo, hemos tenido que hacer en dos años lo que otros han podido hacer en diez o en quince. Es lógico que eso implique ciertos momentos traumáticos, es normal.
Emmanuel Rodríguez ha escrito en Diagonal que los dimitidos del Consejo Ciudadano y otros errejonistas llevaban meses negociando con el PSOE y C’s una moción de censura contra el PP en la Comunidad de Madrid. ¿Usted lo supo?
Yo hablé con José Manuel López (líder de Podemos en la Asamblea de Madrid), que me transmitió esa posibilidad, y le dije que era, evidentemente, una posibilidad interesante, que era una cuestión enormemente importante que teníamos que debatir con calma, que de alguna manera revelaba una contradicción de Ciudadanos, que ante la posibilidad de un gobierno distinto en la Comunidad de Madrid daba la impresión de que prefiere al Partido Popular. Es una opción que hay que pensar y efectivamente sí me han transmitido que es algo a lo que estaban dando vueltas...
¿Y eso lo hizo un grupo afín a Errejón sin su conocimiento?
En ningún caso. De hecho, en el Parlamento no se funciona por grupos ni por corrientes. En todos los parlamentos se funciona orgánicamente como grupo parlamentario y evidentemente tienes que informar, y las decisiones las toma el Consejo Ciudadano, como no podría ser de otra manera.
Hablemos de las confluencias. Las relaciones con Galicia, Valencia y Catalunya no parecen demasiado fluidas...
Yo creo que en esos tres lugares el resultado electoral de los encuentros, que en cada sitio han tenido matices diferentes, han sido buenos. La unión de Podemos con otros actores políticos, tanto en Cataluña como en la Comunidad Valenciana como en Galicia ha producido resultados electorales espectaculares. En Cataluña, al igual que en Euskadi, donde íbamos solos, hemos sido la primera fuerza política, y en la Comunidad Valenciana y en Galicia, igual que en Madrid, en Canarias, en Navarra y en Baleares, donde íbamos solos, hemos sido segunda fuerza. Creo que las cosas van bastante bien y hay bastante satisfacción por parte de todos los actores respecto a cómo han funcionado esas confluencias, y estoy convencido de que se repetirán. Hay una relación en algunos casos de verdadera amistad, por ejemplo, con Yolanda Díez en Galicia, es amiga mía desde hace muchos años, políticamente nos entendemos muy bien, con Xosé Manuel Beiras me entiendo muy bien, con Mónica Oltra me entiendo de maravilla, así como con los compañeros catalanes... Creo que las cosas han funcionado muy bien.
Gerardo Tecé, desde Sevilla, le pregunta: Cataluña y Andalucía han sido tradicionalmente las grandes bolsas de votos que han llevado al PSOE al Gobierno estatal. Parece claro que son las mismas bolsas de votos que Podemos necesitaría para no ser acompañante, sino cabeza de cartel. En Cataluña las cosas les van bien, pero en Andalucía, que es el lugar donde el paro y la desigualdad pegan más fuerte, un lugar que teóricamente debiera ser terreno sembrado para Podemos, están muy, muy lejos del PSOE. Les doblaron en voto en las generales. ¿A qué se debe?
A la estructura social de España. Aun así, lo que nosotros hicimos en Andalucía es increíble, en las elecciones de marzo tuvimos más del 14% y en las elecciones generales, en torno al 17%, ¡en Andalucía! Es verdad que nuestro voto se ha concentrado, como históricamente el voto del cambio en España, en las grandes ciudades y las periferias, en zonas más industrializadas. Aun así, el resultado en Andalucía, para lo que es la estructura social de este país y de Andalucía, es impresionante. Es un desafío mejorarlos. Teresa Rodríguez tiene muy claros los pasos que tenemos que dar para seguir avanzando en Andalucía y ganar. El análisis de Gerardo es correcto: para el Partido Socialista fueron fundamentales esos dos bastiones simultáneamente, Zapatero no hubiera ganado sin contar los resultados en Cataluña y en Andalucía. En Cataluña parece que ahora la fuerza hegemónica somos nosotros y en Andalucía va a costar un poco más pero creo que estamos trabajando en la buena dirección.
Está usted entrando en la segunda parte de la entrevista a Pablo Iglesias, secretario general de Podemos.
En estos dos últimos bloques, Iglesias analiza de forma exhaustiva la situación política española y, más brevemente, la europea.
Durante la conversación, Iglesias muestra su cara más profesional, suave y constructiva. Vestido con piel de cordero, usa a menudo el latiguillo “yo creo que” para dar una imagen más dialogante y escapar de las reiteradas acusaciones --incluso internas-- de arrogancia. Afirma que la gran coalición sería un suicidio para el PSOE, y anima a los socialistas a volver a su programa electoral y a abandonar el "pacto de derechas" con Ciudadanos para formar un gobierno con Podemos, IU, Compromís y los votos favorables del PNV, incidiendo en que la abstención de los grupos catalanes, que el PSOE se niega en redondo a negociar, no supondría ningún deshonor o trauma.
Iglesias argumenta que, si el PSOE rectifica tres puntos clave de su acuerdo con C’s (reforma laboral, reforma fiscal, salario mínimo), Podemos no pondrá ningún obstáculo a que Pedro Sánchez sea presidente, y devolviéndole la anáfora de la investidura, añade que, si este quiere, puede haber un Gobierno progresista "la semana que viene”.
Al mismo tiempo, el líder del partido morado subraya que la presión que ha sufrido Sánchez por parte de su partido y de los poderes financieros es "asfixiante", y reitera la idea de que esos poderes no dejarán que el PSOE pacte con Podemos. Pero descarta que su partido se plantee abstenerse in extremis para dejar gobernar en minoría al PSOE con C's: "Cuando una fuerza política con 5,3 millones de votos le dice a otra con 5 millones, en una situación en la que podrían gobernar juntos perfectamente, 'no, usted pase a la oposición, que va a influir mucho…'. Pues lo mismo podríamos decir nosotros: pasen ustedes a la oposición e influyan".
Sobre Europa, cuenta que mantienen contactos con diversas fuerzas de izquierda (Bloco de Esquerda, PS belga, disidentes del PS francés, Mélenchon...) para forjar alianzas capaces de modular la política económica de la UE. Su idea es que "hay que construir un nuevo espacio con los sectores de la socialdemocracia que quieren recuperar los estados del bienestar en Europa".
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